HISTORIA DE LA LENGUA IDO
En 1900, con ocasión de la exposición
universal en París, Léopold Leau y Louis Couturat
prepararon la fundación de una Delegación para la
adopción
de una lengua auxiliar internacional, que finalmente fue creada
en 1901. Después de haber recibido el apoyo a más
de de 1200 miembros de Academias, Facultades, Universidades y
de 300 Asociaciones internacionales , fue creada en
octubre de 1907 la llamada "Komitato
di la Delegitaro", con 12 miembros. Entre ellos se encontraban
los lingüistas Hugo Schuchardt, Otto Jespersen y Jan Baudouin
de Courtenay. La lengua Esperanto fue representada por Emile
Boirac, y posteriormente se adhirió al "Komitato" Giuseppe
Peano, autor del proyecto Latino sine flexione. El químico
Wilhelm Ostwald, futura Premio Nobel en 1909, fue el presidente
mientras que Leau y Couturat fueron los secretarios. ¿Quién
mejor que Otto Jespersen, miembro del Komitato, para narrar la
historia del nacimiento
de la lengua Ido?
LA LENGUA DE LA DELEGACIÓN por
el Profesor Otto Jespersen :
Según sus estatutos, la Delegación para la Adopción
de una Lengua Auxiliar Internacional eligió en junio de
1907 al comité que debía decidir qué lengua
artificial era la más conveniente para las comunicaciones
internacionales.
El escrutinio fue controlado por el conocido general francés
Sebert. En octubre del mismo año, el comité elegido
se reunió en París, donde se celebraron hasta 18
largas y fatigosas reuniones. No todos los miembros acudieron;
algunos hicieron uso del derecho que les daban los estatutos
para enviar un suplente con plenos poderes. Los miembros asistentes
tenían a las siguientes como lenguas maternas: francés,
alemán, inglés, danés, italiano y polaco
(ruso). Las ciencias estuvieron representadas por la lingüística,
la astronomía, las matemáticas, la química,
la medicina y la filosofía. Se eligió como presidente
honorario al astrónomo Förster, de Berlín,
quien sin embargo no pudo participar sino en unas pocas reuniones.
Como presidente se eligió al químico Ostwald (ganador
del premio Nobel), de Leipzig. Como vicepresidentes se eligieron
a dos profesores de lingüística: Baudouin de Courtenay,
de San Petersburgo, y yo [Otto Jespersen]. Además de los
dos lingüistas ya mencionados, participaron de las discusiones,
con gran celo y persistencia, el Profesor Couturat de París,
secretario del comité, el Rector Boirac (presidente del
Lingva Komitato esperantista) de Dijon, a cuyo suplente, el Sr.
Gaston Moch, se le permitió participar en las reuniones
aunque estuviese presente el Sr. Boirac; el Sr. P. Hugon (representante
de W. T. Stead) y el Profesor Peano, matemático de Turín.
Las discusiones se realizaron casi todo el tiempo en francés.
Sin embargo, algunas veces el Prof. Baudouin de Courtenay prefirió hablar
en alemán, y unas pocas veces el Sr. Peano habló en
su Latino sine flexione. Las discusiones sobre Parla, del Sr.
Spitzer (véase abajo) se realizaron por entero en alemán,
según su deseo. Los debates fueron dirigidos con suprema
habilidad por el Sr. Ostwald, que era capaz de prevenir manifestaciones
demasiado violentas de las pasiones, y que por su especial talento
sintético filosófico tuvo una notable habilidad
para aprehender los principios y las ideas más importantes,
e impedir que los debates se desviaran por detalles nimios.
Ya antes de las reuniones en París se había hecho
una importante labor. Los señores Couturat y Leau habían
dado en su Histoire de la langue universalle de 1903, un resumen
crítico de los sistemas de lenguas artificiales existentes
hasta entonces. Esto fue suplementado en 1907 por Les nouvelles
langues internationales. Recibimos muchísimos libros y
folletos sobre todas las más importantes lenguas propuestas,
además de muchas cartas de inventores, defensores y opositores.
Las cartas dirigidas a la Delegación como tal y no a los
miembros individuales del comité, fueron resumidas y analizadas
por los secretarios en un folleto bastante largo escrito a máquina,
que recibimos cerca de un mes antes del encuentro. El folleto
también contenía un artículo crítico
sobre la situación del problema por aquel tiempo, y se
imprimió posteriormente bajo el título Conclusions
du rapport. Durante el encuentro también llegaron cartas,
como del eminente lingüista inglés Sweet, del Dr.
Zamenhof, y del líder de los Neutralistas, Rosenberger,
entre otros. Así que teníamos no poco material
a considerar, aparte de varios sistemas aún inéditos
que se nos presentaron a examen.
Se había invitado a los inventores de esos sistemas lingüísticos
para que asistieran personalmente, o para que enviaran un representante
a defender sus sistemas. La oferta fue aceptada por el Dr. Nicolas
(Spokil), el Sr. Spitzer (Parla) y el Sr. Bollack (La Langue
bleue); además, el Dr. Zamenhof se hizo representar por
el Sr. de Beaufront, que durante muchos años había
propagado el Esperanto, y casi como representante del Neutral
había venido el Sr. Monseur, profesor de lingüística
comparada en Bruselas, mas sus participaciones tuvieron menos
el carácter de una defensa positiva del Neutral que el
de una fiera y experta insistencia en las debilidades del Esperanto.
De las discusiones con los que no participaban del comité,
dos episodios merecen mención aparte: El Dr. Nicolas enfatizó como
ventaja de su sistema fundado en principios a priori, el que
estuviera construido sobre un sólido estudio de las leyes
de la mnemotecnia y que por ello era bastante fácil de
memorizar. Sin embargo, casi se ofendió cuando quise comenzar
a examinarlo sobre su propio vocabulario, y me pareció que
no podía recordar las palabras que él mismo había
fabricado. El Sr. Bollack presentó en un muy elocuente
discurso su Langue Bleue, para cuya propagación había
sacrificado muchísimo dinero. Terminó declarando
que aunque deseaba -por supuesto- que su lengua se adoptara,
aceptaría el veredicto del comité de expertos,
si le resultaba adverso. Cumplió fielmente esa promesa
al ser ahora un eminente miembro de la organización Idista
en París.
Durante las discusiones se vio pronto que ningún miembro
del comité estaba dispuesto a aceptar una lengua apriorística
que contuviera palabras seleccionadas arbitrariamente, sino que
todos estaban a favor del uso más amplio posible de los
elementos que ya fuesen internacionales en las lenguas naturales.
La elección por lo tanto se restringió a lenguas
del grupo cuyos representantes mejor conocidos eran el Esperanto,
el Neutral, el Novilatin y el Universal, que pueden ser considerados
en muchos aspectos como variedades de un mismo tipo lingüístico.
Los dos primeros idiomas, siendo los mejor elaborados y planificados,
finalmente jugaron el rol principal en el debate, y las ventajas
de uno se compararon con las del otro. En favor del Neutral hablaba
su alfabeto natural sin letras acentuadas, que tan sólo
el Esperanto, entre las casi cien lenguas artificiales, se había
atrevido a ofrecer al mundo; además de la selección
más natural de palabras en muchos casos, especialmente
los pronombres, en donde se había críticado fuertemente
el mediocre sistema apriorístico y totalmente artificial
del Esperanto. Por otro lado, en el Esperanto se había
trabajado más para prevenir ambigüedades, se habían
evitado las a menudo crudas y desagradables formas de las palabras
en el Neutral; por medio de diferentes terminaciones para las
diferentes partes de la oración se lograba que cualquiera
que aprendiera por primera vez ese fácil sistema pudiese
orientarse rápida y seguramente en la frase, de tal modo
que resulta claramente inteligible; y estas vocales finales al
mismo tiempo producen eufonía y facilitan la pronunciación
a todas las múltiples naciones cuyos idiomas raras veces
tienen consonantes al final de las palabras.
Se discutieron muy detalladamente los principios de internacionalidad
de la selección de vocablos, sobre la formación
de palabras (derivación) y sobre monosemia. Sobre lo primero
se aprobó la idea que propuse en Tilskueren, 1905, que
la internacionalidad no debe medirse según el número
de lenguas en que las palabras se encuentren, sino según
el número de hablantes que las conozcan. La discusión
sobre derivación se preocupó especialmente en la
disertación que el Sr. Couturat había publicado
poco tiempo antes, Étude sur la dérivation en Esperanto.
Sus principios fueron defendidos exitosamente por el Sr. Couturat
contra el Sr. Boirac, que afirmaba la superioridad del principio
de Zamenhof. Durante las últimas reuniones el centro de
las discusiones fue el proyecto anónimo Ido, que fue presentado
por el Sr. Couturat en lugar de su creador. Ninguno de los miembros
del comité sabía otra cosa sino que no se debía
ni a Couturat, a Leau, ni a alguno de los miembros del comité mismo.
Era una especie de Esperanto, el que se tomaban en cuenta las
objeciones que ya desde muchas partes se habían hecho
anteriormente a la lengua de Zamenhof, y así mostraba
en muchos puntos el punto medio deseado entre el Esperanto y
el Neutral. Por medio de un detallado examen del proyecto, no
se aprobó, sin embargo, en todos sus particularidades,
tanto en la gramática como en la selección de vocablos,
y esa lengua (inédita) en consecuencia difiere en muchos
aspectos de la que hoy se conoce bajo el nombre Ido. (Este hecho
debe ser recordado, porque muchas de las objeciones dirigidas
contra la gran mutabilidad de la lengua de la Delegación,
se basan en la diferencia entre el proyecto y el idioma final,
aunque evidentemente no es correcto traer a colación en
el debate un bosquejo que jamás fue publicado).
Como se vió que era imposible discutir íntegramente
y decidir sobre todos los innumerables detallitos, nos juntamos
para elegir un subcomité menor dedicado a esa labor, y
después de esto se adoptó unánimemente (y
por lo tanto, contando también con los votos favorables
de los esperantistas) la siguiente declaración: "Ninguna
de las lenguas existentes se puede aceptar por entero y sin cambios.
Sin embargo el Comité decide adoptar en principio al Esperanto
por su relativa perfección y por el amplio y variado uso
que ya se la ha dado, pero con la reserva de la ejecución
de varios cambios necesarios por la "Commission permanente" (el
subcomité mencionado más arriba) en el sentido
indicado por la conclusión del reporte de los secretarios
y por medio del proyecto Ido, y si es posible, mediante acuerdos
con el comité lingüístico esperantista.
A los fines de colaborar con el comité esperantista,
se decidió que provisoriamente no se publicaría
ese veredicto. Por parte de un portavoz competente, se nos habían
dado buenas esperanzas de que el Lingva Komitato podría
llegar fácilmente a acuerdo con nosotros sobre todo lo
esencial, y nos separamos el 24 de octubre, confiados en que
pronto se lograría una unión de todos los amigos
de la idea de la lengua mundial, alrededor del Esperanto reformado.
Pero pronto se empezó a ver que en el mundillo de los
esperantistas existían elementos mostrando gran enemistad
hacia esta colaboración. El Dr. Zamenhof, que en varias
ocasiones había declarado que se sometería si un
comité científico cambiase su idioma incluso "hasta
lo irreconocible", el mismo Dr. Zamenhof, que en 1894 había
propuestos cambios extremadamente radicales al Esperanto (muchos
de los cuales concuerdan con aquellos que nosotros llevabos a
cabo), el Dr. Zamenhof, que en dos ocasiones tan recientes como
en 1906 propuso reformas que no fueron publicadas por los esperantistas
(de ellas mencionaré -e en vez de -au, abolición
del final de plural -j: bona patró en vez de bonaj patroj,
kom en vez de kiel, Anglio en vez de Anglujo, breva en vez de
mallonga, mem en vez de malpli, sub en vez de malsupren); el
Dr. Zamenhof, que incluso después de terminadas nuestras
reuniones nos enviaba algunas pequeñas propuestas de reforma
para su idioma; ese mismo Dr. Zamenhof ahora, de repente, en
enero de 1908, rompió toda comunicación con nosotros,
declarando que la Delegación "no existía" en
absoluto para él, y que actualmente sostiene y mantiene
el rígido esperanto original sin desechar ni uno de los
defectos que los practicantes y los teóricos habían
demostrado en concierto.
Las principales revistas esperantistas combatieron a la nueva
lengua valiéndose en parte de un silencio sistemático
sobre su verdadera naturaleza, evitando discutir cuestiones reales
(las lingüísticas), y en parte por medio de una serie
de ataques personales. (La revista esperantista danesa fue por
largo tiempo una honorable excepción).
Los ataques personales se concentraron especialmente alrededor
del Sr. L. de Beaufront, principalmente porque se supo que era
el autor del proyecto anónimo Ido al mismo tiempo que
representaba al Dr. Zamenhof ante el Comité. Aquí no
quiero ni defender ni condenar los aspectos morales de su conducta;
para mí y para los restantes miembros del Comité la
cuestión puramente objetiva sobre las cualidades necesarias
de la lengua a adoptar siempre fue la única decisiva,
y el resultado final no podría haber sido otro en absoluto,
incluso si el mismísimo Dr. Zamenhof hubiera asistido
en persona ante nosotros. Todos conocíamos muy bien el
Esperanto, que además estaba fuertemente representado
en nuestras reuniones; entre otros, por el Rector Boirac, al
que no se le puede imputar alguna parcialidad en contra del esperanto.
Lamentablemente, no asistió ningún estenógrafo
para transcribir todas nuestras discusiones en París.
Si hubiera existido algún reporte oficial estenográfico,
entonces, según mi firme opinión, la vasta mayoría
de los ataques contra de Beaufront y contra el Comité entero
se hubieran derrumbado en su inutilidad y hubieran quedado sin
efecto. Entonces se habría visto que no debía temerse
la publicación de nuestras discusiones, sino que fueron
serias, sólidas y objetivas discusiones entre personas
competentes, que no tenían otro objetivo que saber la
verdad. Afortunadamente, también la gran mayoría
de los miembros comité se erguían altos por encima
de cualquier sospecha.
A menudo se dijo que sólo podíamos seleccionar
entre los sistemas ya existentes, y que estaba fuera de nuestra
competencia proponer o ejecutar cambios en ellas; pero a esto
se puede responder que teníamos el derecho a ello con
la aceptación indirecta de Zamenhof, cuando pidió insistentemente
que no le hicieramos cambios importantes al Esperanto, y la directa
de los partidarios del Neutral y de otros sistemas. Nadie se
habría opuesto a nuestro derecho de adoptar el Neutral
con la reserva de hacer muchos cambios que le hicieran aproximarse
en alguna medida al Esperanto, y el resultado final habría
sido exactamente el mismo que la nueva lengua. Si preferimos
mencionar precisamente al Esperanto como la base adoptada en
la forma a modificar, se hizo como un agradecido reconocimiento
a los Esperantistas por su importante labor por dar a conocer
y popularizar la idea misma de un idioma mundial, y no por ninguna
otra causa.
Después de la ruptura, se trabajó con
celo por perfeccionar los diccionarios y la gramática,
que se publicaron en la primavera de 1908, los primeros con prefacios
míos,
que resumían el fundamento teórico de la lengua.
Allí formulé por primera vez el principio que con
aprobación se ha citado frecuentemente: "LA MEJOR
LENGUA AUXILIAR INTERNACIONAL ES AQUELLA QUE EN TODOS SUS ASPECTOS
OFRECE LA MAYOR FACILIDAD AL MAYOR NÚMERO
DE HOMBRES."
Casi al mismo tiempo, según una propuesta de Ostwald
y con un programa aprobado por el y otros miembros del comité,
se fundó la revista Progreso. En ella se discutía
libremente y desde muchos puntos de vista, los principios y detalles
de nuestra lengua, y pronto se vio que, en contra de lo que había
sido más objetado por la mayoría de los críticos
de muchos países, habían palabras y formas del
Esperanto, que habíamos mantenido, algunas veces contra
nuestros propios principios. Después de formarse la Unión
de los amigos de la lengua internacional, sus miembros eligieron
una Academia para decidir sobre las cuestiones lingüísticas
discutidas en Progreso, y esa academia durante los pasados años
mejoró muchos puntos de la lengua, de tal manera que ahora
sólo queda por hacer una labor pequeñísima,
si se excluye la selección de vocablos para conceptos
especiales y técnicos. Muchos idistas de muchos países
ayudaron a concebir una lengua que en casi todos los aspectos
es verdaderamente excelente. Entre los más serios y dedicados
colaboradores quiero mencionar a nuestro infatigable secretario
y redactor L. Couturat en París, Paul de Jankó en
Constantinopla y Birger Jönsson en Copenhagen. Es muy importante
enfatizar que la actual lengua Ido no es el fruto de un sólo
individuo, sino el epítome de los esfuerzos de muchos
años y muchos hombres para producir una lengua tan fácil,
clara y rica como era posible, una lengua que los científicos
y practicantes pueden recomendar fielmente para usarse lo más
ampliamente en todas las relaciones internacionales.
OTTO JESPERSEN
Gentofte, Köbenhavn, Danmark
Junio 1912
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